Dale zorrita

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El pibe, de no más de 19 años, divisa su presa. Y va hacia ella. Ataca, diríamos, si fuera un animal. Con algunas palabras de ocasión (nunca el fatídico y lapidario ¿De qué signo sos?) logra mantener la atención de la muchacha, que tampoco parece haber doblado la curva de los 20. Ahora suena una canción de ritmo pegadizo, y se escucha de a ratos la frase del título de la nota. Los chicos, en su mundo, se zarandean al compás de la música. ¿Le irá a repetir las mismas palabras en otro lado el chico a la chica, fuera del boliche? Nunca se sabrá.

En una situación fuera de la descripta, nadie debería esperar ganarse el corazón de una muchacha usando semejantes palabras. No sé si alguna se prestaría a algo así, pero lo veo improbable, más ahora con cosas como #NiUnaMenos y similares.

Y sin embargo, es imposible pasar por alto las letras de algunas canciones, que suelen escucharse de noche. No se puede obviar el hecho, no se puede hacer oídos sordos y nada más. Es que las canciones, a veces, no parecen dejarle imaginación a la gente sobre cuál es el objetivo del autor de las palabras. Justamente, una de las cosas maravillosas que tiene esa actuación, que en Argentina hemos dado en llamar chamuyo, es la prerrogativa de ir haciéndose el camino a fuerza de indirectas, de recorrer en espiral un camino que se podría hacer en línea recta. El ir y volver, el avanzar y retroceder, nunca dar el golpe final.

Claro: con el tiempo, a medida que este jueguito se repite en el tiempo, se va volviendo, por así decirlo, light. Es decir, no causan el mismo impacto. De alguna manera, se requiere ser más directo, ya no más dar vueltas. Sea porque se vuelve inaguantable, o porque –en cualquier caso, a pesar de que se den muchas vueltas- siempre llega el momento de las definiciones. No deberíamos olvidarnos de que, en lo que sea, la gente con el tiempo espera que las cosas sean más rápidas. Y así es como se llega, desde el romántico y quizás acaramelado

“Intentaría a usted comprarla, (…) sí con cariño y nunca dejarla”

al decididamente explícito

Move la cazerola (sic), movemela toda movela zorra que ya no aguanto más”

que no necesita explicación ni es enigmático en ningún aspecto.

Ahora afuera del boliche, y en el colectivo de vuelta a casa, ya sin la música nublando los oídos y los sentimientos, uno se pregunta, ¿se producirá el movimiento contrario en esta tendencia? De alguna manera podría pasar que la música muy explícita pase de moda y se vuelvan a escuchar, mayormente, temas más indirectos, por así decirlo, como era hace no más de quince años. La moda siempre fue algo pendular, así que quizás en diez años estemos escuchando de vuelta música tropical. Y por ahí, en veinte, se vuelve a dar vuelta la moneda, y estamos escuchando la música de este mismo tiempo.

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