Morir en la pavada

condor

Hoy les quiero traer a colación mis sensaciones acerca de un cuento que leí un par de veces, y que se titula igual que la nota. Si lo quieren leer,les dejo acá el link (aunque, si lo googlean, seguro lo encuentran).

Es muy simple y conciso el argumento. Ahora, tiene un mensaje muy fuerte, muy significativo. Todos, en algún momento, hemos dudado de lo que estábamos haciendo, pero en el momento alejamos esos pensamientos cuasi revolucionarios de nuestra cabeza y seguimos adelante con lo nuestro. Algo así como que nunca quisimos cambiar de rumbo. Sucede que es un proceso psicológico estresante el de cambiar. Hay mucho miedo al cambio en el ser humano. Cambiar es casi como tirarse a una pileta en la que no sabemos si hay agua o no. Nos da terrible temor pegar un volantazo y decir “ya está, se acabó, ahora voy a hacer esto”. Y para peor todos nos dicen, citando una sabiduría muchas veces dudosa, “No, mejor seguí así, estás bien”. Una canción en una película más o menos conocida dice “stick to the status quo”. Más claro, echale agua.

Pero ahí está el mensaje del cuento. Hay que hacerlo. Hay que jugársela. Siempre hay que darse la chance de algo mejor. Claro: al “pavo” podría haberle fallado la intuición, y quizás él era realmente un pavo. Pero nunca lo supo, y ahí está el problema. Porque si no probamos qué tal es tal cosa, nunca la vamos a conocer. Y nos vamos a quedar con la eterna duda.

A los que les gusta quedarse siempre con lo que tienen, que viven bajo la regla de es mejor malo conocido que bueno por conocer, les diría que alguna vez prueben de romper ese mandato, y de comprobar si ese bueno por conocer es peor que el malo conocido. Obviamente: con sentido común. Pero no desconfíen de la intuición: habitualmente es acertada. Por algo viene en nuestro instinto, y ¿conocen algún caso en que el instinto pueda llevar a la destrucción de una especie?

Un último pensamiento: podemos proyectar de acá a un tiempo, digamos seis meses. Si hacemos algo distinto, en seis meses vamos a estar igual, mejor o peor. Pero si seguimos igual y nos negamos a cambiar, vamos a estar iguales que al principio. ¿Y no vale la pena arriesgarse a que las cosas mejoren? ¿No es gratificante verse en el futuro, y decir “y yo que tanto dudaba, que tan poca fe le tenía”?

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