Visto

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El hombre fue llevado ante el tribunal, esposado; en la cara se le veían las huellas de sabe Dios cuántos días en el calabozo de una cárcel suburbana. El juez, tras las formalidades de ocasión, presentación de abogados, fiscal, secretarios y demás, se dispuso a pronunciar los cargos presentados contra el acusado. “Ignorar cartas enviadas hacia usted”, fueron las palabras del juez.

Seguramente, ninguno de los que lean esto habrá escuchado una historia así. Aunque más de uno quizás quisiera que esta situación fuera real. No creo errarle si digo que una de las cosas que más polvareda ha levantado es la famosa y nunca bien ponderada confirmación de lectura de los mensajes de texto, de la naturaleza que sean (Whatsapp, Facebook, etc). Se invocaron avances sobre el derecho a la privacidad de las personas, se generó polémica y, obvio, hecha la ley, hecha la trampa: se inventaron formas de “esquivar” el visto, es decir, leer un mensje sin que el remitente lo supiera.

Si esto es inexplicable, aún más lo es el hecho de que las empresas involucradas tomaron partido en la situación. Sí, como si a ellas les resultara ventajoso o beneficioso el hecho de que se sepa si alguien leyó un mensaje enviado y no lo contestó.

La necesidad (o más bien la ansiedad) de saber si alguien leyó algo que enviamos ha sido una constante a lo largo de los tiempos. Pensemos, no más, en la Antigüedad, cuando se enviaban cartas que demoraban días en llegar al destinatario. Ahí había dos incógnitas: en primer lugar si la carta había llegado y, en segundo, qué respondería el que la recibía (si esto había ocurrido). Uno asumía que, si la carta llegaba, la iban a abrir (no habría, en principio, razón para creer lo contrario). Pero uno esperaba que la carta trajera respuesta, y se empezaba a preocupar cuando pasaban los días y el cartero no se detenía en nuestra puerta, o no encontraba nada debajo de la puerta.

Pero, incluso en esos tiempos, la gente quizás no contestaba las cartas inmediatamente después de recibirlas. Claro, había que pensar en qué se quería decir y cómo, y luego escribir la carta. ¿En qué momento de nuestra existencia se instaló en nuestro balero la idea de que los mensajes hay que contestarlos inmediatamente después de leerlos? Y es que, a lo mencionado de tener que pensar una respuesta, se le agrega que casi siempre estamos haciendo alguna actividad. Parecería que cuando más lógico sería que la gente tarde en contestar, menos se acepta.

No sé qué cantidad de parejas se rompe por mes debido a que uno de los dos se toma tiempo para contestar mensajes, pero la verdad es que, a veces, estaría bueno ser menos ansiosos con ese tema. Ojo, el visto no lo considero por sí mismo una cosa mala. A todos nos sirve saber que alguien leyó lo que le mandamos. Lo que a veces es criticable es la actitud de exigir respuestas inmediatas. En algún momento van a contestar, si es que lo que escribimos merece una respuesta.

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