Matemáticos poetas

James_Clerk_Maxwell

¿Qué tienen que ver Las Soledades con el teorema de Pitágoras? Posiblemente muy poco. A nadie se le ocurriría relacionar la poesía con la matemática, es una asociación que a la mayoría de nosotros nos parece inconcebible que alguien que se dedica a los fríos números y las ecuaciones, inentendibles para una gran parte de la población (históricamente, matemática fue la materia más problemática del colegio), pueda tener el talento artístico que se necesita para escribir versos placenteros de leer.

Pero la historia nos muestra que, contra lo esperable, existieron matemáticos que escribieron poemas. Muchos lo hicieron al final de sus carreras, aunque varios escribieron en pleno auge de su popularidad en el mundo matemático.

Quizás el ejemplo más conocido sea el del autor de Alicia en el país de las maravillas. Aunque la obra mencionada no sea del género poético, ha trascendido varias generaciones para instalarse como uno de los cuentos infantiles que más veces las madres han dado a leer a sus hijos. El autor, Lewis Carroll, era, además de escritor, matemático. No fue una de las más grandes luminarias de un período en el que, haciendo justicia, trabajaron algunos de los más grandes matemáticos de la historia reciente, pero, de todos modos, sus aportes a la ciencia fueron más que importantes.

Claro, uno puede pensar, hacer una carrera en las Ciencias Exactas no necesita estar reñido con la literatura, sobre todo si uno piensa que Carroll se dedicó a la prosa, que es –en general- menos artísticamente adornada que la poesía. Pensemos que Carroll, de alguna manera, tenía que comunicar los conocimientos que lograba al resto de la comunidad matemática, y esto casi siempre se logra a través de papers escritos. Por lo que no podemos presuponer que estos científicos sean negados para la pluma.

Pero, en cambio, hubo otros matemáticos que sí escribieron poemas. Por ejemplo, uno de los más grandes matemáticos y físicos del siglo XIX, el escocés James Clerk Maxwell, conocido sobre todo por su trabajo unificador de la electricidad y el magnetismo (para aclarar, esto es, en Física, un logro excepcional, sin el cual hoy no tendríamos luz eléctrica, con todo lo que eso significa), se las arregló para escribir unos cuantos poemas. El siguiente es uno de ellos (está obviamente en inglés, y me resisto firmemente a traducir poesía), y habla sobre “dar clases de matemática en el mes de noviembre”:

In the sad November time,

When the leaf has left the lime,

And the Cam, with sludge and slime,

Plasters his ugly channel,

While, with sober step and slow,

Round about the marshes low,

Stiffening students stumping go

Shivering through their flannel.

Maxwell, está claro, no sólo descubrió lo dicho acerca de la electricidad y el magnetismo, sino que además ahondó en la teoría de gases, en el análisis de los colores, en la termodinámica, etc. En fin. Un genio. Al que, por lo que vemos, le sobraba tiempo como para ponerse a escribir.

También otro matemático muy famoso en su época, Augustin-Louis Cauchy, compuso algunos poemas. De ellos el que más se destaca es uno que le escribió a su futura esposa:

Te amaré, mi tierna amiga

hasta el final de mis días

y como hay otra vida

tu Louis siempre te amará.

Claro está, una cosa son estos poemas, y otra cosa son los de autores consagrados. Ni Maxwell ni Cauchy ni ninguno de sus colegas son Rubén Darío. Quizás sus poemas son algo acartonados. Pero, que le pusieron esfuerzo, no podemos negarlo, y que los matemáticos en ocasiones pueden expresarse es más que verdadero.

alicia pais maravillas

En el caso de Maxwell, hay que decir que en su más tierna infancia recibió una educación más artística que matemática. A los diez años, según datos biográficos, el niño James podía recitar de memoria poemas completos y ubicar por orden versos que le decían. En el colegio, Maxwell ganó premios por sus composiciones poéticas. Así que no era tan negado, al final. Pero más tarde, a la muerte de su madre, el que tomó las riendas de la educación fue el padre, que lo hizo estudiar matemática, y el resto es historia. Y Lewis Carroll, un ávido lector en su infancia, también probó con la escritura antes de dedicarse a la matemática. No se metió en matemática tan profundamente como Maxwell, pero ciertamente dejó trabajos que fueron, aunque más tarde, reflotados y estudiados.

¿Y por qué se da esto de que algunos matemáticos desarrollen un gusto por la poesía, o por la creación literaria? Parece ser que el proceso creativo de los poetas y de los matemáticos tiene ciertas similitudes. De acuerdo a un artículo de Emilio Pedro Gómez, profesor de matemáticas que escribe poemas, los matemáticos y los poetas tienen por norma “inquietar sin tregua a la razón”. Es decir, desafiar los límites de lo que se conoce en su campo. El artículo provee ejemplos, como por ejemplo el pasaje del racionalismo al romanticismo a mediados del siglo XIX, seguido por el pasaje de éste hacia el dadaísmo a principios del siglo XX, que fueron cambios muy radicales en el modo de hacer literatura; en el campo matemático, da el ejemplo del paso de la geometría en el plano a la geometría en la esfera. En ambos casos se puede hablar de cambios radicales, de la literatura y de la matemática. Además, de acuerdo a las palabras de varios matemáticos y poetas, el subconsciente juega un papel importante en la creación, en palabras de matemáticos que han dicho que “tras largas horas de trabajo infructuoso, de repente sobreviene la inspiración en momentos de descanso”. Y, en un sentido, esto último es verdadero incluso para la poesía: los versos salen, no se piensan. Como último punto, tanto en poesía como en matemática, se busca lo estético, se buscan combinaciones “bellas” (hagamos un esfuerzo por entender esto en el campo matemático, pero más de una vez se ha escuchado hablar de una “solución elegante” a un problema).

Aún así, sin cerrarnos sólo a estas razones (que son muy valederas), se podría considerar que las personas con talento para las matemáticas no necesariamente deben carecer de talento para las letras. Un conocido mío, que era bueno en matemática en edad escolar, integró una banda de música y en la actualidad toca la guitarra y el piano excelentemente. Las vueltas de la vida lo han llevado a trabajar en un puesto contable. Entonces, ¿corresponde darlo por perdido como músico, sólo por el hecho de que sea contador? En este sentido es muy esclarecedora la letra de una canción de La Oreja de Van Gogh, que menciona a un “poeta que decide trabajar en un banco”. Las capacidades, que se puede discutir si son innatas o no, lo que escapa al alcance de este artículo, pueden desarrollarse en la medida que su poseedor se dedique a actividades que las exploten.

leo da vinci

Y si no alcanza con este ejemplo, podemos ver a Leonardo Da Vinci, que en el siglo XV fue pintor, médico, arquitecto y músico, entre otras profesiones. En su época, la limitada (en comparación a hoy) cantidad de conocimiento que había acopiado la humanidad le permitía a Leonardo explotar todas sus habilidades, dominando cada uno de los campos del saber. Hoy en día la cantidad de conocimiento ha crecido enormemente, lo que hace complicado siquiera dominar dos disciplinas (por ejemplo, medicina y matemática); ni hablar de ser una eminencia en muchas.

Así que… si usted ve a algún practicante de las ciencias exactas hacer intentos en la literatura, no se inquiete… quizás pueda irle verdaderamente bien.

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