Chico de la calle

user "Julie"

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Esta es mi historia, como la de tantos más, que como yo no han adquirido aquello que en barrios más adinerados que el mío suele llamarse “independencia financiera”. Sí, soy un chico de la calle. Limpio los vidrios de los autos en los semáforos. Hace no muchos años que lo hago, pero a mi corta edad hasta un año es mucho tiempo.

Todos los días camino entre los autos detenidos, con mi trapo y mi balde de agua gris, ofreciendo un servicio que seguramente muchos de ellos no aceptarán. Uno me negará con la cabeza, otro haciendo un movimiento de dedos, otro ni siquiera mirará, alguno me dirá amablemente que no desea que le limpie los vidrios de su auto, aunque éstos rebosen de tierra. Acaso alguno me dará unas monedas, a desgano, sacando las manos por la ventanilla y sin mirar, casi como en un acto de cursilería, de solidaridad porque sí, para no quedar mal con quien los acompaña en el viaje.

Y es que, en realidad, mi trabajo es solamente simbólico. Todo el mundo puede limpiar los vidrios de su propio auto. Afortunadamente para mí, muchos eligen no hacerlo. Es una de las pocas opciones que me quedó, y al menos es, para mí, mejor que simplemente pedir monedas: al menos, a alguien, uno de cada muchos, les sirve.

Así transcurren mis días, en los semáforos, entre miradas de desdén, con autos que arrancan sin importar si yo estoy en medio, si llegué a la vereda antes que el semáforo les dé la luz verde. Mi desamparo no es un problema de ellos. Seguramente, la mayoría me habrá olvidado antes de llegar a la siguiente esquina, ese chiquito, ese negrito, que anda dando vueltas entre los autos. “No hay que fomentar la vagancia”, “son vagos”, “lo que sacan limpiando se lo gastan en droga”, son algunos de los lapidarios argumentos que esgrimirán aquellos a los que el dinero les alcanza para comer y mucho más, esos que creen que es verdad que todos podemos llegar a lo mismo con el mismo esfuerzo.

Supongo que, al menos, puedo estar contento de que cada uno de los pesos que junto acá va a parar a mi familia, es un bocado más que pueden comer mis hermanos, mis papás. Es que, al final del día, luego de tantas miradas vacías, de tanto moverme entre gente que con mi mundo comparte sólo la calle por la que se deslaza, saber que algo me llevo a casa para mi familia es una de las cosas más hermosas que existe.

Quizás un día todo esto se arregle. Y pueda ir a la escuela. Me encantaría poder aprender sobre las plantas, los planetas, cómo se construyen las casas, en fin, todo eso. Y jugar a la pelota, sentirme Messi entre otros como yo, poder crear sueños que trasciendan lo que nuestros ojos pueden mostrarnos. Es que, pese a que no me resulte degradante limpiar vidrios, no fue una elección para mí. Y no quisiera tener que beberme la niñez de un trago rápido, me gustaría poder disfrutarla a la manera de muchos chicos que, aunque no sean ricos en dinero, sí son ricos en poder hacer su camino, jugar, rasparse las rodillas, enamorarse, en fin… vivir como niños.

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