Me mudo!

mudanza

Hola a todos! Probablemente, ya con el título y con la imagen se hayan dado cuenta de lo que estoy hablando, que es, lisa y llanamente, una mudanza.

Del diccionario de la Real Academia, nos viene la siguiente definición:

mudanza.

1. f. Acción y efecto de mudar o mudarse.

2. f. Traslación que se hace de una casa o de una habitación a otra.

3. f. Inconstancia o variedad de los afectos o de los dictámenes.

4. f. Cierto número de movimientos que se hacen a compás en los bailes y danzas.

5. f. Mús. Cambio convencional del nombre de las notas en el solfeo antiguo, para poder representar el si cuando aún no tenía nombre.

Como ven, hay acepciones que tienen que ver con la música y la danza. Mi mudanza no tiene nada que ver con eso, Dios me castigó con duros pies para la danza, sino más bien con la segunda entrada.

Por motivos operativos, me voy a estar mudando de plataforma. Ha sido una gran experiencia estar en WordPress, pero considero que está más bien dirigida a un tipo de bloguero que yo, por el momento, no soy, así que he tomado la decisión.

Sólo fue una mudanza de plataforma, no cambió el nombre del sitio ni la temática. Sólo cambiaron la plataforma y el diseño.

A partir de hoy, podrán encontrarme en mi nueva dirección:

http://porquescribimos.blogspot.com/

Desde ya muchas gracias por su comprensión, espero que nos sigamos leyendo en mi nueva dirección. Y aprovecho para enviarles ánimos para los 20 y pico de días que le quedan al 2015.

Cheers for all!

Violín

La muchacha se decidió. Tomó el violín y lo empuñó como se ha de hacer, según las reglas del arte: apoyando el extremo cercano al puente sobre el hombro, luego colocándolo en diagonal a la línea de sus hombros, apoyando suavemente los dedos sobre las cuerdas y tomando el arco con la otra mano. Lo había hecho tantas veces, que ya le parecía automático. Utilizando magistralmente el arco, ejecutó la primera parte del Caprice 24, de Nicoló Paganini.

Hacía años que tocaba el violín. Prácticamente, su vida había sido marcada por ese instrumento. A los siete años había visto a un artista callejero niña violintocándolo en un pasillo del subte de Buenos Aires, un hombre barbudo que sin embargo tenía una cadencia especial cuando se trataba de hacer sonar las cuatro cuerdas. Paula se enamoró instantáneamente del sonido que escuchó, de las inflexiones, de la melodía. Usando algún argumento que ella creyó incuestionable, o quizás por hartazgo, consiguió, finalmente, un violín, y la inscripción a clases en un centro de enseñanza del arte de su barrio. Luego llegaron las presentaciones en la escuela, en alguna muestra de fin de año del instituto, las Navidades y otras fiestas familiares mostrando su talentoviolin fin curso a los parientes que escuchaban atentamente, en fin, todo lo que viene como colateral de tocar un instrumento a temprana edad. Como quien
diría, los quince minutos de fama de la nena. Y, más adelante, algunos premios en exhibiciones, como si la suya fuera una vida para dedicarla al arte de combinar los sonidos.

plaza 1

No hacía demasiado calor ese día, a pesar de ser noviembre. Pero la duración de los días es otro de los indicios de que el año está en sus momentos finales, la temperatura no lo es todo. Y en esa plaza, entre las mascotas que salen a conocer la vida al aire libre (siempre he sostenido que los perros no son animales de departamento, mas no es ése un punto indiscutido entre la gente de ciudad), los deportistas de siempre y la ocasional pareja se adivinaban, entre el movimiento de las hojas al viento, algunos acordes de una música. Era algo difuso, la mayor parte de la gente no pudo identificar de dónde venía, aunque por alguna oscura razón todos se sintieron atraídos hacia ella. Era una música que uno no describiría justo como embelesadora, aunque su carácter un tanto caótico y frenético hizo que en un momento todos detuvieran lo que estaban haciendo y enfocaran sus oídos hacia el lugar desde el que venía la música.

La música iba en aumento, cada vez se escuchaba con más claridad. Mientras tanto, la gente que caminaba por las calles aledañas a la plaza se había sumado al plantel de espectadores. Un par de niños, tal vez no pudiendo soportar más el sonido, se habían echado a llorar, pero las madres, su atención absolutamente atrapada por lo que estaban escuchando, no atinaron a hacer nada, y los dejaron rumiando su dolor en violin girlsoledad. De repente, las tareas, los mandados, cualquier otra obligación, dejaba de ser una prioridad para todas las personas que ahora observaban. Algo, alguna cosa imperceptible en el aire, había trastocado hasta el más rígido sistema de prioridades, beneficios y recompensas. Alguien que hubiera llegado desde afuera hasta el lugar seguramente no habría entendido nada. O, antes de siquiera poder pensar en algo, habría sido despojado de voluntad y sumado al cuadro.

La chica, parada en el medio de la plaza, tocaba un violín que emitía un sonido imposible para su tamaño, un sonido que hacía vibrar los árboles, los postes de luz y toda estructura fija que se encontrara en los alrededores. No se adivinaba ninguna expresión en su cara, tan sólo una concentración casi absoluta, impertérrita, a la vez que su brazo derecho y sus dedos izquierdos se movían en perfecta combinación. Nunca se podrá entender a través de la ciencia qué le pasaba; posteriormente, la comunidad psicológica había llegado a la conclusión, más obligada que segura, de que se trataba de algún tipo de delirio psicótico, aunque eso responde al mandato científico de ponerle una etiqueta a todo. A medida que el tiempo pasaba, la música se volvía más y más frenética y dramática, a la vez que el arco del violín evidenciaba un notorio desgaste. Ya la imagen de la chica era más y más difusa, el efecto de la música sobre los presentes era tan intenso que nublaba la vista. No sé si era eso, o si era que la luz natural comenzaba a disminuir, o incluso cabía la posibilidad de que esta música tuviera algún efecto sobre el día y la noche, todo era tan loco que no podía descartar ninguna posibilidad.

Hasta que, con un último movimiento de su brazo, la chica tocó la última nota. Todo el teatro armado en esa plaza pareció caerse de golpe, como si el hilo que lo sostuviera se cortara de repente. Pero no sería inexacto decir que eso fue lo que pasó. Las cerdas del arco se cortaron, el violín quedó mudo, y desde el centro de la plaza se pudo ver la imagen de… un pájaro volando. Hasta hoy día nadie puede ponerse de acuerdo sobre qué pasó, pero lo cierto es que ni el violín ni el arco fueron recuperados. Quizás hayan partido para siempre con el pájaro que, en su vida previa, los había ejecutado tan magistralmente.

volin last

Hablar de política

ateneo politico

En Argentina, este año es un año de elecciones. Como cada cuatro años, la ciudadanía se cita en compromiso electoral para elegir a quien será Presidente de la Nación (además de otros cargos, variables según el distrito) durante los próximos cuatro años, a contar desde diciembre, mes en que el/la elegido/a asumirá.

 

Como siempre, en los meses previos a la elección, se da una intensa discusión en TV, en la radio, en diarios y revistas, en ateneos de partidos, etc. Tanto los involucrados en los partidos políticos, como los especialistas en temas de política nacional se enfrascan en un sinfín de discusiones, argumentaciones y diatribas acerca de quién es el mejor candidato, quién es el que mejor va a manejar la economía, además de algún tema de ocasión. Incluso, y en un acto novedoso, este año hubo dos debates presidenciales en Argentina, uno antes de cada vuelta electoral, en los cuales los candidatos debatieron (o intentaron debatir) sus propuestas en varias materias que marcan agenda en la gestión de un presidente.

 

En mi casa nunca se habló demasiado de política. Siempre, más bien, se tendió a dejar ese tema un poco de lado, como algo de lo que no se habla. Más todavía, siempre era un tema del que hablan los grandes, de esos de los que, si preguntábamos, lo más seguro es que nos dijeran de ir a jugar o, aprovechando la ocasión, pedirnos algo de la cocina o de la mesa (por alguna razón, siempre escuchábamos las conversaciones de los grandes en la mesa, porque en verdad, otro lugar para escucharlos hablar no había). A mí me empezó a interesar un poco al principio de mi adolescencia. Yo leía los diarios, habitualmente muy por arriba, pero en esa época empecé a ser más consciente de algunas cosas a las que, simplemente, les pasaba por arriba. Y me interesaba leer cómo le iba a ir al país, qué se decidía, qué medidas se tomaban, y demás. Por supuesto que no entendía nada, y era una edad muy corta para que siquiera pudiera entender algunas cosas de la política que, con el tiempo, fui entendiendo. Digamos, un inocente.

politica universidad

En mi primer año de universidad, un poco por la edad y la información a la que accedía y otro poco por estar en una universidad pública, donde el tema político siempre está, empecé a acceder a más información y debate sobre política. Por esos meses, tuve un pensamiento muy lúcido: Últimamente se está hablando mucho de política. No es un tema olvidado. Y es que se venían elecciones a fin de ese año, pero de todos modos me pareció muy bueno que se discutiera. Notaba que el tema no estaba sólo en los programas de análisis político, sino también en los diarios, ocupando un espacio mayor que el que ocupaba antes, en la conversación de la gente, en suma, en la calle. Es más: en el segundo año, tuve una profesora que, junto con un ayudante, pertenecían al Centro de Estudiantes de mi facultad y, varias veces, se ocupó de decirle a sus alumnos (es decir, a nosotros) que debían involucrarse en política, que más allá del estudio siempre es importante que uno esté informado de lo que pasa, al menos, si es que no quiere participar. Lógicamente, sin que afecte la capacidad de estudiar y aprobar materias.

 

Es sólo un ejemplo, pero a medida que pasó el tiempo noté cómo la discusión política se iba infiltrando, hasta llegar incluso al entorno en el que yo me manejo. Más que nada para las elecciones de este año, tuve muchas conversaciones sobre política con mis amigos y conocidos. E incluso con mi familia, la que, como decía al principio del artículo, no gustaba de tocar temas relacionados a la conducción del país. Hubo un proceso de acercamiento de la política a la sociedad, como si alguna barrera invisible se fuera difuminando hasta desaparecer.

 

Es bueno que la gente común, la que no está afiliada a partidos o no tiene ambiciones en el campo estatal, se interese por temas de política. Porque, como decía mi profesora de la universidad, siempre está bueno interesarnos por lo que pasa, aunque no tengamos posibilidad de modificarlo. Aunque sea para poder cubrirnos y no poder decir “Ah, pero yo no sabía que era así”. Más allá de eso, hay una razón más poderosa para interesarnos: nos afecta a todos. El país está conformado por toda la gente que vive en él y, cuando elegimos a nuestros representantes para llevarlo adelante, tenemos que mínimamente conocer qué proponen y cuáles serán las cosas que harán una vez que lleguen al poder. Porque son las cosas que modificarán, de una manera u otra, nuestras vidas.

Un presidente tiene cuatro años para gobernar. ¡Las cosas que se pueden hacer en cuatro años! Sin entrar en detalles de medidas específicas, lo que hagan los miembros del gobierno pueden afectar desde cómo trabajamos, hasta cómo compramos las cosas que necesitamos, cómo distribuimos nuestros momentos de ocio, en qué gastamos el dinero, si ahorramos, si gastamos…es más, si somos empresarios o tenemos algún negocio, es mucho más crítico. ¿Es bueno que no tengamos en cuenta todas esas consideraciones? urnaSaber de política hace que, a la hora de votar, podamos hacerlo más responsablemente y con más conocimientos en la cabeza para poder decidir, sobre una base sólida, qué boleta vamos a elegir en el cuarto oscuro. Digo esto y recuerdo un video que se popularizó durante las elecciones abiertas, en el que se mostraba a un hombre saliendo de votar, diciendo en voz alta que “había votado cualquier cosa” (restándole importancia al acto), cuando un hombre a caballo, seguramente representando a un prócer, lo derribaba y golpeaba, en represalia por lo que acababa de decir y hacer. El mensaje final del video, “hay gente que hizo mucho por este país”, invita a votar con responsabilidad. Y para ello es crucial tener conocimiento de lo que se propone.

SESION_SENADO_BLANQUEO_CAPITALES

Foto: Alejandro Pagni / PRENSA SENADO

También es buena la penetración de la política en la sociedad porque, en alguna gente, descubre su pasión por hacer algo, por tomar la iniciativa y sumarse a la masa de afiliados o, simplemente, militantes de los partidos. Nos podemos quejar de que las cosas andan mal, que todo está perdido y consignas similares, pero ¿qué ganamos con eso? Mejor que quejarse es ponerse en marcha y hacer actividades proactivas para cambiar lo que no nos gusta. Y, ya sea a nivel barrial, municipal o el que sea, está muy bueno que la gente se sume a ayudar a que las cosas salgan. Que haya conciencia de las cosas las hacemos nosotros y si no nos ponemos nosotros no las va a hacer nadie más. Eso es lo que hace falta, involucramiento de la gente. Y es algo que la política, incluso con sus vicios, genera.

 

Y, como conclusión, tomando el sentimiento de la gente que recela de involucrarse en la política, dejo un concepto: siempre es necesario que haya alguien. Si alguien cree que meterse es perder el tiempo, es bueno que sepa (no cuestiono su decisión de no meterse) que alguien siempre va a tener que hacer el esfuerzo. Siempre alguien va a tener que perder el tiempo con cuestiones políticas.